Escondes el sobre en la despensa, dentro la lata del café del estante más alto de la alacena. Vacías el morral y sales masticando un trozo de la hogaza y del tocino que te preparé esta mañana. Te sientas en el banco del hogar y me miras dar la vuelta al guiso, avivar la lumbre y taparlo. - Bueno, ¿qué? - Están agobiaos, hartos de estar en esa covacha escondidos en el monte, asustaos… pero bien. A Juan, no lo he visto, me han dao una carta. Te encoges de hombros, pensativo. Miras al vacío en dirección a la lumbre. Levantas la cabeza y me observas fijamente secarme las manos en el delantal y avanzar con paso firme a la despensa. Hay en la repisa un conejo y un manojo de té. - El té lo había cogido Juan. El conejo me salió al paso. – Elevas la voz, para que te oiga desde dentro Te e...